
ETA anuncia el cese de sus actividades armadas, aunque no dice si este cese es definitivo o cuáles son las condiciones (que seguro que las habrá). Nade más saberse la noticia, Javier Arenas se erige él solo en portavoz de los españoles y afirma que a los españoles la única noticia que les interesa es que ETA deja definitivamente la violencia y entrega las armas.
Batasuna llevaba ya unos mese pidiendo a ETA que abandonase la lucha armada, y ETA finalmente parece dar un paso, aunque evidentemente no es definitivo. Batasuna está ilegalizada porque no condenaba la violencia, pero ETA parece querer dejar la violencia... ¿Podrá Batasuna presentarse a los próximos comicios municipales? Si Batasuna no se pudiera presentar a las próximas elecciones mucha gente se preguntaría por qué, y está claro que eso afectaría mucho al proceso de paz que puede estar abriéndose.
Dice Arenas que sólo ha de interesarnos que ETA abandone la violencia, y parece que ese es el único punto de partida para hablar, para negociar un proceso de paz... Pero parece realmente difícil negociar nada como partimos de dos posturas irreconciliables e innegociables. Por un lado para el Estado español y en particular para el Gobierno parece imposible negociar nada que afecte a la unidad de España. España es una nación indivisible y eso no se negocia. Por otro lado, para buena parte de la sociedad vasca, y para ETA en particular, parece innegociable que la salida al conflicto pasa por la libre autodeterminación del pueblo vasco. Sólo se puede solucionar esto con un referéndum que permita a los vascos decidir su independencia o seguir formando parte del Estado español. Mientras no haya un acercamiento entre estas dos posturas no parece viable una solución dialogada para el conflicto, y está claro que son dos posturas antagónicas.
Hace poco me sorprendió ver en la calle dos coches, uno con matrícula de Gran Bretaña y otro con matrícula de Escocia. No es que tuviese el indicativo de Escocia, como los coches asturianos tienen la "O" de Oviedo, es que sencillamente era una matrícula parecida pero distinta. Eso en España sería impensable, como impensable es que los distintos territorios tengan selecciones deportivas nacionales, como pasa en el Reino Unido (Inglaterra tiene su selección, Gales la suya, Escocia la suya e Irlanda del Norte la suya). Al aprobarse el nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña lo que más molestó fue la denominación de Cataluña como nación, mientras que en el Reino Unido la denominación de nación o país para referirse a los territorios que lo constituyen no sólo no son raros, sino que en ningún momento plantea problemas de que se vaya a romper la unidad patria, ni se cuestiona a la hora de hablar de las distintas naciones que el Reino Unido sea un Estado soberano, como España, Francia o Alemania.
La reivindicación de las selecciones deportivas nacionales (además de la Selección Española) es una reivindicación que ya podemos definir de histórica, y con mucha demanda sobre todo en el País Vasco y en Cataluña, y no olvidemos que también aquí, en Asturias, hay cierta demanda (aunque en este caso sea testomonial). Satisfacer esta reivindicación es un gesto que tiene una consecuencia política nula, pero que tendría una consecuencia simbólica mayúscula para toda aquella gente que siente que su nación es el País Vasco (y siempre seguirá existiendo una Selección Española para toda la gente que sienta que su nación es España).
Un reconocimiento sincero de que España es un Estado plurinacional y ciertos ajustes en el llamado Estado de las Autonomías que estuviera encaminado hacia el federalismo, serían obciones para hacer posible que toda la gente que, particularmente en el País Vasco y Cataluña, pero también en otras Comunidades como la nuestra, no se siente cómoda dentro de esa realidad nacional española se sintieran más cómodos en una España con un discurso político muy distinto al que tiene hoy.
Desdejar de una vez la idea de que la lengua propia de España es el castellano y las demás son poco menos que accidentes indeseados, o lenguas secundarias de menor valor, dejar de alimentar fobias estúpidas (como la catalanofobia) desde los medios de comunicación de masas... también son pequeños gestos que nos pueden ayudar a construir una realidad estatal española más adecuada para todos.
Es curioso como en Escocia no parece que haya mayor preocupación porque la Union Jack ondee al lado de la bandera escocesa, y los británicos no parecen vivir con esa obsesión que hay en España de que la unidad patria corre peligro. Quizás la unidad patria corra, de hecho, menos peligro porque no hay esta paranoya colectiva.
Otro aspecto preocupante en el problema vasco es Navarra. Está claro que la anexión de Navarra al régimen autonómico vasco, aunque prevista en la Constitución, nunca formó parte del mapa imaginado porlos padres de la patria de la España actual. Lo que resulta incomprensible es por qué se niega en la propia Constitución la posibilidad de construir federaciones de Autonomías, una opción que quizás podríamos plantear para intentar conjugar las aspiraciones de los que desean una Euskal Herria unida y los que defiende una Navarra foral y española. Esta opción quizá no sea la mejor, es más, quizá no sea ni válida, pero no hay ninguna razón para que no sea al menos estudiable.
En definitiva, creo que para solucionar el problema vasco hay que sentar primero las bases para solucionar el problema español, y es que en España aún no quedó claro el modelo de Estado que pretendemos construir, aún no quedaron claras las bases para la identidad colectiva que se pretende infundir. Y esto sólo genera confusión, frustración y mala baba.
Podemos estar ante un pequeño paso para unos políticos, pero un gran pasao para unos pueblos.
NOTA: Con este artículo no queremos obviar, naturalmente, el conflicto de Irlanda del Norte.
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