
Javier Moreno sufre fuertes dolores en la espalda, a causa de las agresiones sufridas. Ha recibido asistencia médica, siendo diagnosticado de policontusiones varias y eritemas en la espalda. Ha sido acusado por desórdenes públicos y resistencia grave a la autoridad, pese a la actitud pacífica que mostró en todo momento. (El País digital)
Veo en la tele las agresiones de buena parte del pueblo de Manzanares el Real (Guadalajara) a un grupo de media docena de anti-taurinos y un periodista de una televisión estatal. Pese a que hay unos cuatro guardias civiles, no parece que la presencia de las autoridades impresione a nadie, y las agresiones llegan a tirar a un chaval por una cuesta de 10m. e incluso a romper la luna trasera del coche donde los activistas intentan escapar escoltados por el escaso grupo de guardiar. ¡Llegan a reventar la luna impunemente delante de un guardia!
La primera pregunta que podríamos hacer es por qué no aparecen más refuerzos de la Guardia Civil, no entendemos cómo ante un linchamiento público de esta magnituf sólo manden a cuatro guardias.
Pero lo más importante es la impunidada, no sólo la jurídica (a ver cuánta de esta gente pisa un juzgado, y cuántos reciven saciones acordes a la agresión), sino social. La sociedad parece aceptar con relativa normalidad la violencia que se genera en los eventos deportivos como el fútbol. Ahora, cuando hablamos del espectáculo de la tauromaquia, la violencia parece justificarse porque, a la vista de parte de la sociedad, los anti-taurinos van provocando, y claro, eso no se puede permitir...
Las protestas pacíficas, las actividades plenamente democráticas pasan a considerarse una agresión, y las agresiones, las patadas, las pedradas, tirar a alguien por un terraplén de 10m... pasa a ser considerado como un ejercicio de autodefensa. Y es que protestas antitaurinas las hubo siempre, y, en consecuencia, respuestas a estas protestas también. Pero la virulencia de ésta es especialmente grave. Quizá la reciente prohibición de las corridas de toros en Cataluña haya ayudado a calentar más los ánimos. Quizá el apoyo de ciertos medios de comunicación (entre ellos el medio para el que trabaja el periodista agredido en Manzanares el Real) a la tauromaquia y esa actitud ante la vida que se puede resumir en la imagen del militante pro-taurino cogiendose los machos, ayuden también, si no a calentar los ánimos, sí a generar una situación de normalidad e impunidad para los agresores.
Ante este tema no parece haber el escándalo social que hay en otros casos. ¿Será que una agresión es más o menos condenable en función de quién resulte agredido? ¿o es la condición de los agresores (buenos o malos españoles) la que hace de una agresión un hecho intolerable o un hecho aislado y sin mayor importancia?
Se podría, por poner un ejemplo, exigir a los toreros y organizadores taurinos a condenar los actos violentos que vimos en Guadalajara.
La violencia puede ser lúdica (como en los espectáculos de tauromaquia) o simplemente visceral (como en este caso).
Justificar la violencia amparándose en la visceralidad de los sentimientos, en la impunidad y el anonimato de la masa es algo pueril, fundamentalmente miserable.
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